EL LUCRO CONTRATACA

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~ Por Benjamín Idini, Director de Comunicaciones CEI 2013

Se ha dicho mucho sobre lo que fue el 2011 y el decaimiento que sufrieron las movilizaciones en términos de masividad durante el año que le siguió. Un periodo de reflujo dicen algunos, etapa natural y necesaria dentro de los movimientos sociales. A pesar de aquello, no ha sido ni mucho menos un tiempo de absoluta inactividad o de procesos irrelevantes. El impacto mediático logrado se nota, al igual que el sentido común conquistado en muchos sectores, donde hoy se entiende tanto más que ayer el daño que produce el lucro en la educación.

Vale la pena entonces recordar algunos antecedentes que se generan durante el pasado año de reflujo activo y que hoy sirven para entender, por ejemplo, el aún fresco fracaso de la Universidad del Mar. Uno de los acallados contribuyentes a este proceso de maduración de las condiciones, ha sido el ex secretario ejecutivo destituido de la CNA, Patricio Basso. Sus denuncias, de carácter sólido y científico, portan una verdad incómoda que hasta el momento pocos han querido escuchar atentamente. En uno de sus informes, entregado al Ministerio de Educación en julio 2012, emitido por la misma CNA y difundido por CIPER, se detallan de forma específica manejos financieros anómalos por parte de al menos dos universidades chilenas.

En la primera -UNIACC-, el informe cuestiona la entrega de un préstamo por $5.507 millones -el 51% del patrimonio total de la institución- a una sociedad anónima relacionada con la universidad. Esta corresponde a un instituto de educación superior, que dada su condición, posee atribuciones legales para lucrar. De esta manera los dueños pueden realizar retiros directos en dinero en calidad de utilidades desde el instituto. El préstamo realizado no presenta ni intereses ni plazo de pago. ¿Un simple mal negocio?

Para la otra -UST-, se realiza también un préstamo a una sociedad inmobiliaria fundada en 1992 por un ex dueño de la institución -según CIPER. El monto transferido asciende a $12 mil millones. Como dato adicional a la causa, esta inmobiliaria inicia sus actividades con un capital de $10 millones. En 2004, su capital ascendía a $4.425 millones -CIPER. Una de las maravillas que permite el capitalismo neoliberal.

A modo de tener un punto de comparación para entender tanto número suelto, podemos recordar ligeramente el pirotécnico acuerdo que propuso nuestro presidente en pleno 2011 -sí, el GANE con FÉ. En él facilitaban, con la gentileza que los caracteriza, el valor de los intereses de un pozo millonario para la ‘revitalización de la educación’, de toda la educación. Ese pozo era de $4 mil millones. Menor a los dos montos retirados, a través de estos ágiles mecanismos, en cada una de las universidades antes mencionadas.

Adicionalmente a esto, hay movimientos que estas mismas fuerzas económicas realizan en otros espacios específicos. Requieren por supuesto, aprobar los mínimos estándares que el Estado subsidiario, al abandonar su rol social, exige a los privados para impartir educación. Uno de estos espacios es el Consejo Nacional de Acreditación -CNA-, donde se decide entregar o no y por cuanto tiempo las acreditaciones. Ellas son absolutamente necesarias para el negocio, ya que además de constituir un elemento indispensable en la tarea cotidiana de marketing institucional, si no la obtienen no pueden matricular a estudiantes con financiamiento del Crédito con Aval del Estado.

En consecuencia, si la institución que solicita acreditación no es sustentable financieramente en el largo plazo, tal como la Universidad del Mar, las presiones y el lobby que estos grupos ejercen en la CNA les permiten lograr de igual manera su cometido. Que se consiga o no la acreditación depende en último término de lo lucrativo del negocio, es decir que en el peor de los casos siga resultando rentable para los dueños al momento de tener que declarar la banca rota.

Estas son las leyes del mercado. Estos son los principios utilizados para tomar decisiones en el modelo educacional chileno. Y 16 mil compañeros y compañeras a la deriva la consecuencia.

En tanto el gobierno dice que no existe el lucro en la educación superior, tal como lo indica la ley. Y que si existiese tal violación, no habría manera de probarla. Que el lucro, como motor de funcionamiento del modelo mercantilizado de educación, consecuencia ideológica del Estado subsidiario, no es un problema de todos los chilenos. A la vez que lo defienden, niegan su existencia. Como si el pueblo y su sector estudiantil estuviesen ciegos, y no entendiesen los movimientos que los grupos económicos realizan para validar su discurso y acciones de estafa.

Pero hoy, ante los acontecimientos de la UDM, el Estado subsidiario ha evidenciado definitivamente su crisis. Y ya no solamente por el descontento evidente de un pueblo que se opone a comenzar una vida de endeudado a los 20 años para terminar pagando el triple. Sino además por la deficiencia interna de su propio funcionamiento.

Esta situación, que en un comienzo podría ser considerada como específica de una mala gestión, se debe entender en su real dimensión global y sistémica. Hoy puede que sea la Universidad del Mar, mañana cualquiera de las otras que se rigen bajo los mismos principios. Son metodologías y criterios que se encuentran hoy presentes en tantas otras escuelas educativas y que atraviesan completamente nuestro actual modelo.

Y ante esto ningún intento de regular la actividad lucrativa puede hacer de contrapeso a la avaricia de los dueños de Chile. Si ni la propia constitución, generada por sectores de la clase dominante, puede significar un freno a sus motivaciones, tampoco lo será una CNA reformada o un órgano similar. El problema radica en el modelo, su motivación y motor principal: el lucro, sea legal o no.

En este marco resulta importante comprender que nuevos desastres financieros podrían ocurrir en otras instituciones, generando nuevas confirmaciones de la crisis. Sin embargo, la transformación de la concepción de la educación como bien de mercado hacia un derecho social no ocurrirá ni por iniciativa del gobierno, ni mucho menos de forma espontánea. Una concepción diferente del rol del Estado, como garante -y no gerente- de derechos sociales inalienables al pueblo en su totalidad, sólo será posible si fuerzas sociales y políticas logran impulsarla correctamente a partir de la organización.

Los que nos movilizamos por una nueva educación para Chile y su pueblo, gratuita, libre y de calidad, estamos llamados por las circunstancias a propiciar dicha organización necesaria, entendiéndola dentro del marco estricto de la unidad estudiantil. En este sentido, superar la falsa división que hoy existe entre estudiantes del CRUCH y de privadas, constituye una necesidad urgente. Unión que debe ser incluso orgánica dentro de una misma confederación. Sólo una fuerza social cohesionada será capaz de entregar el impulso requerido para el cambio necesario, cambio que el resto de las actuales condiciones materiales permiten y que Chile demanda.

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Centro de Estudiantes de Injeniería
Directiva 2013

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