Chile al Desnudo: El país de las maravillas que no es.

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Sabíamos que el año 2015 no sólo se comenzaría a discutir la Reforma Universitaria en lo relativo a gratuidad, sino que también vendrían reformas y problemáticas capaces de interpelar a actores directos y organizados con capacidad movilizadora: Reforma Laboral, sistema de AFP, Carrera Profesional Docente, Desmunicipalización, y el procedimiento para dotarnos de una Nueva Constitución.

Previendo el escenario, el Gobierno quitó urgencia al proyecto de AFP estatal, aceptando la demora del informe de la comisión asesora. Anunció la extensión del plazo durante un año para definir el proceso con el que se abordaría la problemática de una nueva Constitución. Y a su vez, se omitió la fecha para el proyecto de financiamiento universitario, separándolo de los otros dos en el plano educacional.

Con un Gobierno controlando tiempos y agenda, nadie se esperaba el remezón político que afectaría transversalmente a la clase gobernante. Lo que comenzó con un golpe a la Unión Demócrata Independiente con el caso PENTA, terminó rebasando a amplios sectores de la Nueva Mayoría con el destape de Caval y SQM. Estos casos de corrupción han generado un desplome de los ya bajos niveles de apoyo y credibilidad, abriendo una crisis que se encuentra en pleno desarrollo.

Estas situaciones descorrieron el velo del funcionamiento institucional, transparentando una realidad que daría inicio a eufemismos como estrategia discursiva. Se habló entonces de la relación “dinero y política”, de las interrogantes de cómo poder regular aquella incestuosa relación para superar estas “acciones lamentables”, ya que a gran parte de los involucrados no les había quedado otra alternativa debido al “alto costo de las campañas”. Por otro lado, en relación al incendio de las araucarias en Conguillio, el alud que afectó y afecta duramente al norte de nuestro país, y hace unas semanas la erupción del volcán Calbuco. Se habló de desastres naturales, eximiendo de cualquier variable de posibilidad al factor humano, responsable sin duda de las precarias condiciones de ayuda y respuesta ante las catástrofes, obviando el hecho que siempre los más afectados fueron los sectores populares.

Mediante la defensa semántica se buscó vestir a ese Chile ya desnudo, un Chile que por largos años nos presentaron como el país ejemplo, el jaguar de América Latina, el edén liberado de corrupción.

 

El verdadero Chile, sin eufemismos
La corrupción en Chile ha existido hace décadas. La dictadura militar gestó una nueva institucionalidad política y económica, dando origen a las relaciones incestuosas que hoy se develan, no entre “política” y “dinero” en genérico, sino entre empresarios con nombres y apellidos, e individuos con militancias políticas concretas.
Cada uno de los casos destapados devela el verdadero Chile. PENTA representa la perfecta combinación entre intereses privados y política. Esta empresa no sólo brindaba apoyo de manera ilegal a políticos. También contaba con un entramado en el Servicio de Impuestos Internos, el propio Fiscal Chahuán la denominó: una maquinaria para defraudar al Fisco.

Caval develaría profundos vínculos de la Nueva Mayoría con uno de los empresarios más poderoso del país. El generoso préstamo del Banco De Chile a la campaña de Bachelet; omisiones de la Concertación y Nueva Mayoría a la problemática minera. Vínculos que quedarían al descubierto en razón del negocio que la nuera de Bachelet realizó con el grupo Luksic, utilizando influencias político-familiares.

El caso SQM constituye una radiografía a nuestra historia reciente. Una empresa estatal privatizada en dictadura y vendida a Julio Ponce Lerou, yerno de Pinochet, termina siendo una empresa financista de militantes de las más diversas coaliciones políticas, principalmente ligados a la Concertación. Desde el 2008 realizó aportes políticos por más de US$ 7 millones.

En relación a los desastres “naturales”. El aviso previo de aluvión en el norte del país sin que se desplegaran acciones preventivas; los desórdenes para enfrentar las evacuaciones en el sur, y las incapacidades para dar término al devastador incendio, son algunos ejemplos de la ineficiencia institucional. Aquello, junto a la contaminación generadora de una altísima peligrosidad como el acopio de material tóxico del Grupo Luksic, generó una situación de alerta sanitaria. Estos hechos evidencian que lo “natural” supera rápidamente su límite, convirtiéndose en responsabilidad política.

¿Hay salidas?
Desde el Gobierno lo han intentado todo. Primero el silencio, luego la contención buscando que el caso SQM no se destapara. Segundo, un obligado “caiga quien caiga”, asumiendo que no podrían obstruir la labor de fiscalía. Tercero, la conocida fórmula de la “Comisión Asesora Presidencial”. Cuarto, se impulsó un acuerdo transversal desde el PC hasta la UDI. Sin embargo, todo ha sido insuficiente. Obligada, Bachelet jugó la carta que querían evitar, anunció el 28 de abril el desarrollo del “proceso constituyente”, no nos confundamos, no habló de Asamblea Constituyente.

Desde el movimiento estudiantil asumimos la tarea de enfrentar y profundizar aún más este Chile desnudo, fortaleciendo nuestras demandas por una reforma educacional profunda, exigiendo la inhabilitación de los políticos investigados. Desde la elite económica y política las preocupaciones están puestas en cómo lograr poner un dique de contención que evite una crisis más profunda. Desde nuestra vereda debemos preguntarnos ¿Cómo utilizamos este escenario para avanzar en cambios estructurales? Debemos empujar el carro de la historia para una verdadera democratización popular, desde abajo, donde la Asamblea Constituyente tome el protagonismo, arrebatando y reconfigurando la concentración de la política y el dinero que hoy como ayer ostentan esa camarilla de corruptos.

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Militante de la Unión Nacional Estudiantil UNE, Estudiante de Ingeniería Civil Mecánica de la Universidad de Chile, Presidente de Centro de Estudiantes de Ingeniería UCH

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